Como
la tierra gira una y otra vez alrededor del sol,
también la voz del tiempo nos trae una y otra vez
los ecos de las palabras del Visionario.
Despeguemos las páginas del diario del discurrir de la vida
y naveguemos en las aguas de la existencia
del perdido Visionario.
¡Visionario! Tú que no quisiste ver esas tierras,
tú que no quisiste conocer ese dolor.
En la bruma del tiempo
se ve una tarde de Abril,
flores sonrientes ¿Dónde están vuestras trompetas?
Demiurgo se equivocó al modelar aquel ser
y fusionó en existencia y porvenir el desgraciado
reflejo de un hombre.
Escribieron con embriagadas intenciones
una vida diferente, una tortura sutil en las líneas de sus manos,
algo propio de una comedia, algo propio de una mente cruel.
El Visionario danzó por las tablas de la infancia
sin tomar conciencia de quien sería,
de cómo el cóctel de la vida había de hacerle.
Los años volaron como tormenta de verano
y llegado el día de perder el control, las batallas se desataron.
¡Enloquecer qué bonito es! Ver fuego donde hay agua
y cemento donde hay hierba.
Si los juncos aún guardan el aroma de los años ¡Qué
inútil función!
Modelando con esfuerzo la dura piedra y rompiendo
los lazos que a otras almas le unían.
La Cruz que había llegado a ser su alma hermana
se distanció sin saber cómo hasta perderse en voluptuosas
curvas y formas de mujer.
Navegar en las aguas de la locura mundial rodeado
de fantasmas de personas que llegarían a ser un día
no ayudó al Visionario a mantener enterrado
al ser que un día iba a tomar posesión de él.
Según pasaron los días el Visionario
abrió los ojos y se dio cuenta de que en su interior
habitaba un extraño poder, una extraña pena.
No fue en un minuto ni en un día,
fue a lo largo de los años cuando aquel
poder se había instalado en él.
El día que las campanas anunciaban fiesta comenzó el luto
del Visionario. Algo explotó en su mente,
y a medida que sus ojos iban traspasando las paredes del tiempo,
la normalidad cotidiana de los seres de similares cimientos se tornó
en espejismo fundamental, en meta imposible de alcanzar.
“En una tarde de sol se huelen los humos
de pasado mañana ¡Maldita cocina!
¿Por qué escondes una risa sarcástica?
¡Bendita presencia! Decidme entre sonrisas y guiños
quienes sois, mostradme vuestra realidad
para después ahogarme en el azul de vuestro mar de curvas.”
Así fue como poco a poco la mente
del Visionario se transformó en un arca
de recuerdos y en una boca de visiones.
“Los nombres que he de pronunciar
¿A quien pertenecen?
¿Alguien puede decirme por qué soy capaz de ver
dónde me voy a equivocar?
¡Cuánto tiempo gastaré en esa inútil danza!
La dama de hermosas palabras no va a ser distinta del estereotipo común
¿Por qué voy a gastar palabras en ti?
¡Haz lo que quieras y déjame en paz!
Ve y piérdete en las áridas llanuras que algún día
han de contemplar mi desconsuelo
¡Qué engañado voy a estar confiando en ti!
Así aprenderé la lección de los necios
¡Márchate! No vuelvas y sólo te deseo lo mejor,
sospecho que el tiempo me ha de borrar de ti y en verdad me alegro”
Sabia condena la
de los dioses, que mostraron al Visionario
su vida y después borraron todo recuerdo, permitiéndole
solo la nebulosa intuición, empujándole a la decadencia
de los extremos.
A modo de posdata encontramos en la vida
del Visionario unas palabras pronunciadas
al río de la arena del desierto:
“Si las sonrisas gastadas en disimular
fueron un punto y final... Incluso se puede
llegar a odiar, aunque la razón nos asista
siempre huye por las esquinas
y solo espero que mis amigos no me engañen
al abandonarme, que se alejen diciendo que me dejan.
Yo me encargaré de perderme en la niebla de la ausencia
y no estorbar a sus progresos...”
©
2000 Luis Sáez
Publicado 2000 Luis Sáez |