NOCHE DE DICIEMBRE

23 de Diciembre, son las 23:00 horas; la mano de Pedro se posa en al tirador de la puerta y la abre, sale a la calle, un intenso frío penetra a través de su ropa hasta clavársele en los huesos. Pedro comienza a caminar hasta su coche, un peugeot 306, abre la puerta y se para a mirar como la niebla comienza a arrastrarse silenciosa por las calles. Pedro se sienta en su coche, cierra la puerta, pone en marcha el motor y enciende la calefacción para librarse de ese frío tan molesto que le entumece pies y manos, el reloj del coche indica que son las 23:04. Tras quitarse la chaqueta al disponerse a dejarla en el asiento trasero Pedro mira hacia la bolsa que contiene el regalo para su hijo Enrique que tiene cinco años. Pedro sonríe al pensar en la ilusión que le va  hacer. Pedro pone el intermitente y sale de donde está aparcado, recorre las solitarias calles de la ciudad llenas de adornos y luces. Pedro comienza a frenar al ver entre la niebla la señal de Stop, pone el indicador hacia la derecha y comienza a circular por la carretera que le llevará a su casa, el reloj marca las 23:16. Tras un par de kilómetros la niebla desaparece y Pedro se relaja, piensa en lo bien que lo va a pasar estas navidades jugando con su hijo y sonríe para sí porque esta totalmente seguro de que va a ganar la apuesta que ha hecho con su mujer, María, él sabe que es capaz de comer veinticuatro uvas antes de que acaben las campanadas ¡Qué bonitas se ven las estrellas hoy! Dice Pedro en el silencio de su coche al parar al lado de la carretera, Pedro se baja y acercándose a unos matorrales alivia de su carga su llena vejiga. ¡Joder que frío! Pedro vuelve a su coche y emprende de nuevo la marcha. Son las 23:32 horas. Espera que esta nochebuena halla para cenar esa fantástica costilla asada con patatas que tan bien preparan en casa de sus padres, quedaran en reunirse allí los padres de María, sus padres, María, él y por supuesto el pequeño Enrique que para Junio tendrá un hermanito pues María se entero hace un mes y pico de que estaba embarazada. ¡Cómo quería a María! La conocía desde que tenía 13 años y siempre le había gustado pero hasta que tuvo 19 años no consiguió salir con ella. Pedro gira a la izquierda sale de una curva, acelera y cambia de marcha. Recuerda que el día que se casó con Maria, hacía ya seis años, le había dicho que cuando tuviera treinta y tres años tendría por lo menos un disco publicado, pero eso a sus treinta y un años no parecía muy probable, pero por lo menos tenia un trabajo con un muy buen sueldo que les permitía vivir desahogadamente. ¡Ah! Mierda. Pedro se da cuenta de que no compró el paquete de caramelos que le había prometido a Enrique, pero con un poco de suerte puede llegar a ese bar que está a diez kilómetros de su casa, antes de que cierre y comprar los caramelos allí. En ese bar, Bar Gran Marco, el camarero sirve a Antonio López su séptima copa, que apura con rapidez, se levanta de la silla con un leve tambaleo, pero rápidamente se equilibra y camina hacia la salida. Uno de sus amigos le dice si quiere que lo lleve, Antonio contesta que no que tiene el coche fuera, su amigo le dice que ya lo sabe, que no lo dice por eso. Soltando una alegre risa Antonio replica a su amigo que se tranquilice que si no estuviera bien no cogería el coche. El reloj del bar marca las 23:44 horas.
Tendré que limpiar la habitación-trastero para el bebe, bueno aún falta, cada cosa a su tiempo, ahora lo que importa es comprarle un nuevo abrigo a Enrique para llevarlo a la cabalgata de reyes, me lo pidió ya en Noviembre y yo se lo prometí, una promesa es una promesa y hay que cumplirla y más cuando se le hace a un hijo, piensa Pedro mientras inicia la recta de tres kilómetros que está antes de una curva a la derecha, después de esa curva a unos cincuenta metros está el bar. Quizá esté abierto y pueda comprarle los caramelos a Enrique. Son las 23:47 horas. Allá viene un coche, ya hace rato que no me cruzo con ninguno, piensa Pedro. A unos 30 metros de su 306 el otro coche realiza una maniobra brusca e invade el carril derecho. El corazón de Pedro pega un brinco impresionante, instintivamente el pie izquierdo de Pedro pisa el embrague y el pie derecho pisa el pedal del freno a fondo, las ruedas chillan al deslizarse sobre el asfalto, el otro coche no parece cambiar de rumbo ni frenar. La cara de Pedro refleja todo el horror que siente, los ojos abiertos como platos y la boca entreabierta sin articular palabra. Los morros de los coches chocan, la chapa del capó del coche de Pedro se arruga como un papel, las piezas del motor se aplastan y se desplazan. Dentro del coche Pedro ve en su mente falshes de su vida, cuando era pequeño y jugaba en el parque, sus partidos de fútbol, la primera vez que vio a María, la primera vez que la besó, los años de universidad, aquella noche de Octubre que hizo el amor con María por primera vez, cuando su padre le llevaba a pescar, las historias que le contaban sus abuelos, cuando se casó con María, el día que nació Enrique, cuando María le dijo que volvía a estar embarazada, la noche de Diciembre en que la niebla se arrastraba por las calles y las estrellas se veían tan hermosas. Con la fuerza del choque el motor se desplaza y los pedales avanzan hacia el habitáculo del coche seccionando los pies de Pedro, el 306 se aplasta contra el otro coche, los hierros se clavan en Pedro destrozando su cuerpo, una pieza del motor salta y le corta la cabeza. Un estampido invade la silenciosa noche, en la carretera los amasijos de los coches descansan inertes sobre el asfalto, el suelo se llena de una mezcla de aceite y gasolina, por entre los hierros del peugeot 306 de Pedro corren pequeños regueros de sangre procedentes de los restos triturados de Pedro, una gota de sangre cae hasta el suelo. El silencio y el frío de Diciembre congelan las gotas de rocío que hay sobre las plantas que al borde de la carretera acaban de presenciar el terrible espectáculo. Son las 23:48 horas.
-“¿Mamá va a tardar mucho papá?” Pregunta el pequeño Enrique a su madre. María le dice –“Tranquilo no creo que tarde mucho cariño” –“¿Crees que se acordara de traerme los caramelos?” pregunta ansioso Enrique –“Seguro que si cielo” responde María embarazada de tres meses. Mientras en la televisión están dando la actuación de un grupo de música, el vocalista canta: “....cuando las piedras que hay en sus botas le torturan el camino son tristes recuerdos de los que ya no volvieron....”. Una estrella fugaz cruza el cielo de Diciembre mientras los restos del cuerpo de Pedro se enfrían entre el amasijo de hierros. Un coche se acerca, se detiene y alguien realiza una llamada con un móvil, son las 00:18 horas. En la casa de Pedro, Enrique pregunta -“¿No está tardando papá?” María le dice –“Tranquilo tendría algo más de trabajo o algo así, ya veras como pronto llega” Enrique mira por la ventana hacia la noche de Diciembre y dice no muy convencido –“Pronto llegará”.
En una mesita en el salón descansa el teléfono, pronto sonará, pronto anunciará malas noticias. Son las 1:24 horas.

(Luis Sáez 17-5-2000)

© 2000 Luis Sáez
Publicado 2000 Luis Sáez