Todos reunidos en el palacio
esperaban el regreso de Ícaro,
esperaban su llegada con la salvación.
Cuando el tiempo no era una losa
y la trascendencia no firmaba sentencias,
Yahvé Naún eyaculó semillas de caos
en el seno de la familia feliz.
Engendró en mala hora, odio, rencor
y los diez mil atributos recogidos
en el tratado de Sefarmín.
Ningún mortal es dios del mundo,
y ningún dios da su favor a un mortal del mundo.
Así, al alba de un día tan muerto como otro cualquiera,
Ícaro inició su incierto viaje,
sin dar explicaciones, sin mirar atrás,
sólo con la promesa de la salvación.
Así fue como Ícaro marchó,
sin razón para marchar
y quizá sin razón para volver.
Durante interminables días e infinitas noches
comieron y bebieron sobre las recelosas mesas
y entre las paredes contrariadas.
Quizá ya habían pasado 500 lunas
desde que Ícaro se fuera
o quizá tan solo una luna había caído,
pero eso no importaba, porque
¿Acaso algo tiene importancia cuando el tiempo,
generoso, caminando a velocidad incierta
regala felicidad, aunque sea falsa,
a los mortales que no son capaces de ver
un suspiro más allá de su nariz?
Así, con sus carcajadas hacían
temblar los cimientos del sagrado templo de la intimidad.
Y alguna vez, acuciado por la danza del recuerdo
en el fondo del estomago, alguno
componía un rictus serio por no poder tragar
sus espléndidas viandas y mencionaba a Ícaro o su búsqueda.
Cuando caía la tarde de otro día más,
otra tarde de otro día de tantos que ya habían pasado,
una sombra entró con paso firme pero cansado en el palacio.
-¡Ícaro ha vuelto!
Gritó una voz desde algún punto del palacio.
Corrieron todos a reunirse en la sala Getsemaní,
donde Icaro de pie y con cara triste
y cansado los vio llegar a todos.
-¿Traes la salvación?
-¿Cuál es la salvación?
-¡Danos la salvación!
-¿Ícaro lo has logrado?
Ícaro miró a su alrededor,
sus ojos fríos, casi vacíos,
que emanaban tristeza y soledad
recorrieron a los allí presentes,
y tras haber pasado por todas las caras dijo:
“Traigo la salvación,
y es tan cierto como que ayer ya se ha ido,
pero tan cierto es también que os es tan inútil
como un espejo al viento
o una advertencia a un enamorado,
porque tan convencidos de vuestra doctrina
y tan acostumbrados a buscar en otras almas estáis
que de nada os servirán los caminos de este mapa...
Debéis caminar hacia donde queráis y tropezar
tantas veces como veáis oportuno e intentar aprender
algo de cada diente perdido”
“El que juzga sin conocer los hechos,
no es juez, es verdugo”
Contrariados por su respuesta,
unos increparon a Ícaro
y otros le miraron con dureza y desaprobación.
No fui hoja al viento
ni tronco en un caudal,
fui caminero constructor,
fui herrero forjador.
Yo mismo me guié por los senderos de los siete mundos,
bajé las escaleras de caracol
durante cuatro siglos
hasta llegar a las aguas estancadas
del anciano Philser.
Me senté en la orilla a observar
al anciano sentado en una roca
con los pies hundidos en el agua
y los párpados sellados sobre sus ojos.
Permanecí cuatro meses observando,
maravillado de la infinita tranquilidad de Philser,
y gaste los ocho meses restantes
que formaban el año buscando respuestas
en mi mente, y lo único que encontré
fueron lacerantes preguntas que bramaban
por su muerte a manos sádicas
de conclusiones perpetuas.
A la caída del año el anciano abrió los ojos,
mirada severa y atroz escupían.
“Te has atrevido a buscar la salvación,
por ello has de cruzar la cara
a la razón y tragar el veneno cabal”
Apareció en el agua donde dormían los pies de Philser
toda la historia de mi vida,
todo momento ido,
todo acto cometido, todo.
Durante seis décadas observé y estudié,
reflexioné y comprendí,
y al final caí arrodillado, llorando,
había visto mis errores y como debía haber actuado.
Obtuve el don de la justicia
y el preciado bien de la salvación,
todo ello a cambio de mi vida,
a cambio de comprender lo que había sido
y a cambio de ver lo que me quedaba.
Condenado en el juicio del Sal Amir
sospeché labios sensuales
a mi espalda espiando.
Miré de frente,
barrotes en medio,
lagunas de bálsamo envenenado,
y huyendo de la prisión del placer
me crucé conmigo mismo
que venía en el camino de regreso.
Sabes que no queda tierra,
plantando esperanzas en surcos de cemento.
Corrí tanto como mis piernas pudieron,
mi reino por un caballo,
mi alma por poder volar.
Cuando paré y giré la cabeza
pude ver que había cruzado
seis esferas de luz,
y que en mi huida
mi velocidad había destruido
tres mundos,
y que las raíces agonizaban
ensangrentadas entre las ruinas.
Me senté satisfecho de mi hazaña
a la sombra de un árbol
felicitándome por mi audacia de topo.
Cerré los ojos y me entregué
al sueño del cítrico.
Mientras dormía
acontecimiento salvador
sembró fuego a mí alrededor,
ardí a la sombra del árbol
hasta que las llamas consumieron mis huesos
y empujadas por un soplo de viento triste
mis cenizas volaron, esparciéndose,
entre sueños y mundos....
Desplegué mis alas
volando entre nubes de recuerdos
y sorteando vientos de color.
Sobrevolé valles de ensueño,
ciudades teatrales donde los actores
representaban su papel,
haciendo las cosas para las que nacieron,
esperando la caída de su telón.
Y así pasé, observando,
hasta que mis alas se cansaron
de su batir inútil
y planeando caí al borde del acantilado
del mar de Paso.
Me senté a observar como bajaba el sol
hacia su sepulcro, el mar.
Oí un ruido de pronto,
como si alguien se acercara por mi espalda.
Y allí había un hombre.
No parecía un desconocido,
pero tampoco un conocido,
simplemente se parecía a mí,
simplemente era yo.....
-Pareces cansado Ícaro
-Lo estoy
-¿Y por qué estés tan cansado?
-No sé, creo que... creo que es por que he tenido que caminar mucho,
y no he encontrado nunca lo que necesito.
-¿Acaso no has hallado nunca nada bueno?
-¡No! al contrario, he encontrado muchas cosas buenas, pero... pero
noto que me falta algo.
-¿Lo qué?
-Alguna razón realmente importante para vivir
-¿Has encontrado cosas realmente buenas, pero aún así
te faltan razones para vivir?
-Sí, es más grande el dolor de la ausencia que la alegría
de lo conseguido.
-Pero Ícaro, vida sólo hay una y hay que aprovecharla e intentar
ser feliz
-¿Por qué?
-Porque.... porque para eso nacemos
-No, no nacemos para ser felices, tan siquiera nacemos para hallar respuestas,
nacemos por que Azar así lo decide, nacemos para morir. Y yo ya casi
lo he conseguido.
-¡Ícaro! no puedes decir eso, no puedes abandonar tan pronto. Hay
muchas cosas por descubrir, hay muchas cosas que puedes conseguir ahí fuera.
-Todos decís eso, siempre la misma canción. Yo no veo nada,
o quizá no quiero verlo, pero cada uno ha de elegir su camino, y quizá
yo elija descansar ahora, quizá sea hora de parar.
-¿Nunca te has parado a pensar que quizá estas equivocado?
-Sí, muchas veces, y siempre dudo. Pero este es mi barco y yo soy
el timonel. ¿Nunca pensaste tú que quizá sois vosotros
los que os equivocáis?....
-Ícaro, ¿Cuándo caíste en el abismo de Eknar Laul?
-No lo recuerdo muy bien, creo que fue en la batalla de las hadas, en la
lucha por la soberanía del trono del deseo o puede que fuera en la
batalla del espejo.
-¿Y no crees que es hora de remontar el vuelo y marchar
hacia los valles de luz?
-No, mis alas están atrofiadas. Además, las bestias del abismo
me han contagiado la enfermedad de la decadencia, y total...
quizá sea un sueño, quizá sea mentira...
-¿Marejada de licor añejo?
-Cantos de sirenas y afligidos vuelos en pos de la danza espiral
-Ícaro
-Ícaro.
Sobresaltado salí de mi pasmo
y me despoje de los ecos de la conversación.
Vi que estaba solo,
allí al borde del acantilado
del mar de Paso
y vi al sol que apenas lanzaba un guiño
allá a lo lejos.
Temeroso de que las tinieblas me abrazaran
corrí hacia le borde del acantilado
y salté,
no desplegué mis alas para volar,
me dejé caer hasta zambullirme en el mar de Paso
cerrando los ojos y hundiéndome
y hundiéndome,
hundiéndome....
Abrí los ojos a un mundo
de nuevas pinturas dibujado.
Surgí de un charco de lodo,
lodo que entumecía mis alas,
lodo que dormía mis piernas.
Seguí senderos ocultos
y voces calladas
hasta llegar a la llanura de Ayer.
Entré en la ciudad enraizada,
en el centro de la llanura estancada
por antiguos conflictos de filosofía.
Escuché la charla del profeta
que con empeño trenzaba.
( Icaro I )
Creareis a la bestia
a partir del hombre bueno,
serviréis vuestro desprecio
en generosas raciones
de actitudes.
Y haréis como siempre,
levantareis la cabeza
orgullosamente creyendo
que siempre habéis tenido razón,
y vuestros ojos no podrán
creer que sea cierto lo que ven
cuando despierte el ángel de la muerte.
Cuando extienda sus negras alas
y os traiga a la tierra el infierno.
Atónito por sus palabras
pregunté al profeta
en cuestión seria y severa.
¿Qué crimen de sentencia celeste
abrirá puertas a ira y consecuencias?
( Icaro II )
Llantos en la tierra
y sangre en las copas.
De la oscuridad
del abandono
a la luz
del fuego del rencor
Sorprendido de escuchar hablar
del hijo de la cotidianidad
empecé a caminar siguiendo vicios
y prodigios de ideas confundidas.
Caminé hasta alcanzar el borde de la llanura
y desde allí vi llegar la oscuridad,
vi llegar al anunciado.
( Icaro III )
Negrura inmensa
se acerca desde el horizonte,
tras ella vienen mil dragones
que con su aliento ardiente
esparcen el fuego sobre la tierra.
A la cabeza del ejercito de la muerte
viene montado en un pegaso negro
el ángel de la muerte.
En sus ojos negros,
negros como la noche de los tiempos,
sólo nadan sentimientos de destrucción
y venganza.
Desenfunda su espada de muerte
y todas las almas de la tierra
desean morir en el ardiente fuego
de los dragones antes que ver acercarse
al ángel de la
oscuridad.
Me presenté al ángel de la muerte.
Serio y frío, no encontré en él antojos de maldad,
pero si vi en su mirar
ira, desprecio, tristeza y soledad.
Intenté entablar conversación con él,
pero su quietud y su dramática habla
me llevaron a escucharle
con sorprendente miedo
por ver que todo ángel de muerte
se gesta en vientres de humanas mentes generales.
( Icaro IV )
Si el camello dobló las rodillas
ante la puerta sagrada
donde dormía la niña más
dulce,
tenía hambre de nada,
en una mano el viento
y en la otra la borrasca de la conciencia.
Por mares de agua bendita
perdieron los marineros sus espadas
y levantaron dos templos,
uno era para el sol
y el otro para la luna
y los dos ardieron
bajo la ira de la peste de mi memoria.
Sonrientes sombras me saludan
¡Qué bellos son sus rostros!
¡Y cuánto desprecio su visión!
Soy como la arena
del desierto que aunque nadie me ve
habito en el ojo del mundo.
Y planté por ellos un pequeño
jardín donde no había ni flores
ni estrellas.
Mi jardín perdido
cambió su utopía
por columnas de pétrea niebla
Sonrío a la brisa
para que sepa que la siguiente
en morir será ella.
¡Qué me importa vuestra compañía!
¡Qué me importan vuestras palabras!
Odio cada gesto, cada actitud,
y de nada me sirve
vuestro asqueroso perdón
en las sonrisas necias
con que decoráis vuestras caras mentirosas.
Primero me abandonasteis
y ahora venís con vuestros mejores regalos
pidiendo perdón.
Ahora que he muerto
y he venido en mi carro tirado
por las serpientes de la absurda venganza.
Teméis el infierno que os he traído.
Me traéis a mi estrella más bella
envuelta en sedoso vestido blanco,
lista para el sacrificio.
Os aplastaré en mi mano derecha
mientras con la izquierda
levanto islas en el mar.
-¿Por qué no atiendes a la razón
y detienes tu gira de destrucción y muerte?
-No se puede parar la fuerza del corazón,
es imposible domar la locura
nacida del dolor.
Coseché en campos de estrella esperanza,
pero una mala tempestad arraso mis cultivos,
y los poetas recitaban su alma
como si la vida fuera brillo
y camináramos hacia un altar.
Justo antes de cerrar los ojos para entregarme al sueño
vi desmoronarse mi celda de ilusión
y creyendo que todo era una burla del destino
permanecí inmóvil y atónito mientras las sombras de
Marte
me despojaban de mi alma,
me despojaban de mi vida,
se llevaban lejos mi corazón.
( Icaro V )
Vi llegar mil pájaros,
venían cansados y pesarosos,
pero me traían una esperanza.
Con la vista nublada
y el corazón caído
abrí los brazos a su regalo.
Acepté su presente
y bogué con torpeza
en su agua.
Me emborraché con el vino
que sonrientemente
me sirvieron en sus copas.
Cuando la campana
lloró para anunciar
el fin de la fiesta de mascaras
alzaron el vuelo,
cantando himnos de derrota,
los mil pájaros.
Con los ojos limpios
por las lágrimas
pude ver marchar mil cuervos.
Y con ellos se iba mi alma
Y con ellos se iba mi esperanza.
-¿Sabes? creo que no eres más que un resentido
Un grito contra ti mismo
y contra las circunstancias
-¿Sabes? creo que no te equivocas,
pero ¿Sabes que también creo otra cosa?
-¿Qué es lo que crees?
-Creo que soy el grito de tu alma,
soy la cruz de tu cara,
el silencio de tus palabras....
Sorprendido y asustado
permanecí un instante pensativo,
recorriendo mis venas,
buscando en las ocultas celdas de seda
dónde había estado escondido
forjando sin hacer ruido,
sin llamar la atención de los guardianes
de la impuesta razón,
el hacha de guerra del rencor
el vengador del reverso.
Tiré con rabia de la cadena
del tapón de mi bañera.
El espiral remolino
engulló toda mi agua de vida
precipitándola a velocidad de derrota
por la senda del juicio
de la conciencia.
Transformados en líquido elemento
tanto el ángel de la muerte como yo
seguimos el cauce vertical
aceptando sus curvas y caprichos,
hasta que de pronto
como un silencio en la avalancha la tubería halló su fin
y nos esparcimos,
entremezclándonos, al vacío.
Sensación de acariciar el confín del universo.
Infinitud acostado sobre la hierba,
así era la sensación en el vacío,
así era aquella paz momentánea,
pero de pronto
como llamados a la cena de Dios
nos comprimimos formando una esfera,
una esfera de negra luz,
que cayó hasta la palma de la mano
de mi propia estatua de piedra.
Dentro de la esfera
el ángel de la muerte ocupó su trono
en una de las montañas mas altas del mundo.
A mil años de él,
yo ocupé mi asiento
en otra altiva cumbre.
-¿Por qué albergas en tu corazón
tanta ira y rencor?
-Es algo que siento dentro de mí,
que nace y lucha por salir
-Pero deberías dominar todo eso y destruirlo
-Eso es lo que intentas hacer tú,
intentas destruirme,
pero nunca, nunca lo podrás lograr,
puedes enterrarme en el fondo del mar
o echarme encima mil montañas,
pero quieras o no siempre estaré ahí
-No puedo,
no puedo aceptar que me aceches en cada revés del camino.
No puedo aceptar que me vigiles desde los ojos de mi reflejo
-Pues deberías hacerlo
porque esa amargura que te golpea el estomago
cuando algo te importuna, soy yo.
Yo soy el que desearía golpear fuerte y sin fin.
Yo soy la destrucción que hay en ti
-No puedes estar en mí...
¿Acaso eres inmune a un gesto de cariño,
a un gesto de amor que derretiría
tu coraza igual que el fuego derrite la cera?
-Ja ja...
Yo no entiendo nada de eso,
soy el resentimiento, soy el odio...
Y si no me crees
lee y degusta las poesías de mi mente.
( Icaro VI )
Ya no necesito tu compasión,
no necesito tu cariño,
no necesito tu amor,
no necesito tu compañía.
Ya no necesito tu amistad,
no necesito oír tu voz,
no necesito verte cada día,
no necesito nada de ti.
Sólo quiero verte llorar
cuando veas arder el mundo a tu alrededor,
cuando veas como congelo los océanos
y como derrito la tierra,
y quiero que sepas que ya no eres más
que otra piedra a destruir.
( Icaro VII )
Grita en la esfera
con voz rabiosa,
lanzando mensajes de metal
que no quisieran morir
pero que lo harán
( Icaro VIII )
Me puedes sonreír,
me puedes regalar palabras dulces,
puedes poner empeño
en engañarme con tu falsedad,
pero no me vas a conquistar,
no me van a emborrachar
tus babosas y etílicas palabras.
Tenderé espinas en tu lecho
y escupiré vinagre en tus heridas.
Así sonreiré un tiempo,
mientras vea tus lágrimas caer.
Tus errores serán un regalo,
no hay perdón en este corazón
y la venganza es un licor tan dulce...
Puedes atacarme si eso te hace sentir mejor,
pero a mí me da igual,
te avasallaré y pisaré,
cara a cara o lo haré a traición
y por la espalda
Tenderé espinas en tu lecho
y escupiré vinagre en tus heridas.
Así sonreiré un tiempo,
mientras vea tus lágrimas caer.
-Horripila mi alma
la visión de tu esencia.
No puedo creer que vivas dentro de mí
-¿Entiendes ahora?
Soy el que aplaude
tras tu mirada de desprecio.
Yo soy el que ha de contestar.
No atiendo a sentimientos plebeyos.
En mi libro espiritual
sólo odio, venganza, desprecio, ira y perdición
firman sus pasajes y enseñanzas.
-No puede ser,
no puede ser que eso esté en mí.
"Golpeame fuerte no vaya ser que me levante"
Aterrorizado vi desmoronarse mi montaña
y me precipité,
como lágrima despreciada,
al fondo del abismo.
Me enseña,
lo horrible es columna
en mi fortaleza vacía,
quedé sometido
al peso y al pie
de los escombros de mi pedestal.
Torbellino en la mente
y grito en los pulmones
me acompañaron en siglos
de simiente a la espera.
Pero después de tanto tiempo pensando
derribo fortalezas y cosecho entendimiento,
y saliendo de mi tumba
escalo la cima de la montaña
del ángel de la muerte
y me presento a él
que ondeando banderas de victoria
y gritando al viento sus hazañas
se declara rey del mundo.
-¡Lo he entendido!
He ganado esta partida
y la derrota es ahora
tu alianza con la mazmorra.
-¿Lo has entendido?
Ja ja. ¡Qué vas a entender!
Lo único que sabes
es que no puede ser que esté en ti
-No. Lo he entendido,
ahora se que estás en mí,
eres yo,
y no me asusta
porque soy de humana esencia
y no es maligna ni horrible tu existencia,
que si lo sería mi negligente
actitud en no dominarte
y no aprovechar tu vida.
Ahora mi mayor riqueza
es saber que estas ahí,
saber frenarte, utilizarte, someterte
y rechazarte condenándote
al destierro donde purgan sus ofensas
los malos sueños.
El ángel de la muerte
pasmó para siempre
al comprender que le había derrotado,
al saberse asimilado
y con fecha de caducidad pasada.
Me desperté de pronto,
abrí los ojos
a un mundo excedente de luz
para mis pupilas legañosas.
Me levanté y tomé un sendero,
caminaba sonriente,
mis bolsillos ahora pesaban más,
algo nuevo viajaba conmigo ahora.
Llegado a un río cotidiano de guía
intenté seguir su cauce,
peregrinando por la orilla,
siguiendo a otros miles de almas
que increpados por alguna voz interior
se dirigían condenados ya
al juego de mayor recompensa
y de más amarga derrota.
Algunos tic tac después
llegué a orillas de un mar
que sonriente abre sus brazos
para recibir a las gentes
y poco después alimentarse
de sus amargas sensaciones
y de sus penas abismales.
Robé una barca en la playa,
la empujé a las aguas
y remando sin fe,
con miedo y sin conocimiento,
me adentré mar adentro
hasta que se hizo imposible volver,
ya no había marcha atrás,
y entonces cansado, temeroso
y desconcertado vi marchar
una estrella fugaz.
Espera intranquila,
mirada trascendente
y la sentencia firmada en el bolsillo.
Una tormenta surgió de pronto
sorprendiéndome en desconcertada actitud.
Las olas crueles
destrozaron mi barca
y me lanzaron a las fauces
del carnívoro mar.
A punto de dejarme vencer
un impulso de ilusión
me resucitó como castigo
y prolongación de mi condena.
Desplegué mis alas
y levanté el vuelo intentando huir,
luchando por escapar.
Pero este mar
que no admite testigos,
que no devuelve prisioneros,
alzó sus torres de agua
y desmoronándolas sobre mis huesos
destrozó mis alas,
mi esperanza y mi empeño.
Dancé en los vientos y planee como pude
hasta caer en una solitaria isla.
Me arrastré tierra adentro
subiendo montañas,
sumergiendo valles
hasta llegar al borde de la isla,
al borde del mundo,
más allá sólo había vacío,
sólo había oscuridad,
sólo había nada.
-¡Malditas fuentes!
Malditos sentimientos y palabras
sólo servidores de canciones y poemas.
Malditas historias de cuento.
Fortuna y Azar no quieren ver.
Siempre en la orilla
aguardando sin esperar....
Tantas cosas que un día soñé,
siempre todo al revés,
siempre habitaciones vacías.
El cobijo es siempre una tristeza
y la huida es un camino de regreso.
( Icaro IX )
Lubrica la piel de tambor,
dulce fuego que arde
y no quema
sino desata serpientes
que recorren y muerden
tu templo de luz.
Brillo de lagunas
que se ve en mil sitios,
en las ventanas marítimas,
en la fuente-piscina
donde se sumergen los elegidos
y en cien sitios más
de la geografía de este mapa
de envidias
que sólo el enemigo ariete
ha de conquistar
enseñando su cultura
y sus vicios,
empujando hacia la felicidad.
-Los trozos de cristal
que anidan en mi colchón
escriben sobre mi cuerpo
que he perdido
y que esta vez no me voy a enfadar.
Y en algún lugar la luna sonreirá
y siempre supe que es mejor así,
aunque aquí no halla ni luna ni estrellas,
aunque aquí sólo halla noche negra.
Pregunté al eco del mundo,
porque creyéndole sabio
supuse en sus manos
las respuestas a mi nada.
-¡¡¡¿He de conseguir un rito?
¿Falta empeño?
¿O aún es tiempo de espera?!!!
-¿Tú qué crees?
-Que la esperanza es un adorno tan inútil...
y que de ilusiones no se vive.
pero sí muere lentamente.
-Quizá sea cuestión de esperar,
quizá acecha un mañana mejor
-Apenas admito reflejos de ilusión.
El estado vacío es el peor.
Perdido lo poco que aún me quedaba
el camino es continuo y circular.
-¿Por qué no eres un ladrillo del muro?
¿Por qué no sigues la teoría común?
-No lo sé,
perdí en el camino a la luz el imán de interés,
será que el espejo devuelve horror,
o quizá tan solo
convencido de errónea actitud
olvidé a los pies de la escalada
el dulce azúcar de las falsedades y la traición.
-¿Dónde están tus postales,
donde tu alforja vivida y guardada?
-Trazados en papel a carbón,
con los dientes amenazando,
quemados y doloridos
están los garabatos de mi colección.
Postales no tengo,
que el río las llevó.
Desheredado a conciencia,
entorno a la alforja dancé,
aspiré todas las condiciones
y al mirar los interiores
eché a faltar lo nunca habido.
( Icaro X )
Antes de llegar
creo que sería posible,
justo antes de llegar
se que es mejor volverse atrás.
Antes de llegar
veo que la niebla
me borra y me esconde,
me voy quedando atrás.
Antes de que llegues
te espero con ansia,
creo que aún es posible,
creo que aún vendrás.
Antes de que llegues
ruego a Dios por verte,
justo antes de que llegues
sé que no vendrás.
El eco calló,
y yo completamente convencido,
cansado y abatido
estiré mis alas destrozadas.
Empujado por la fe,
por la esperanza de la nada,
salté al fin del mundo
y batí mis alas para volar,
pero ellas heridas y exhaustas
alentaron revolución
y quebrándose en mil pedazos
se deshicieron para dejarme caer.
Fui un ave rapaz,
nunca supe volar,
fui despojado de mis alas
y cuando caía cerré los ojos
esperando un impacto tranquilo.
Pero después de mil días de caer
comprendí que aquel aún no era el fin.
Resignado volví a abrir los ojos
y vi que ya no caía.
De pie en el vacío
arropado por la oscuridad
estaba yo
como actor sin escenario,
como sentimiento sin corazón.
Sin saber muy bien que hacer,
sin saber muy bien por qué hacer nada,
intenté capturar una guía en mi alma,
pero estando en la nada,
siendo nada
y perteneciendo a ningún tiempo
no me pareció pertinente ni sabio
emprender una acción ingeniosa
o una huida sospechada.
Así, sin sueños ni mañana
esperé con paciencia
que el movimiento eterno
de los engranajes del mundo
me empujara.
Aguardé como quien espera lo que no desea,
como quien espera el ayer.
Observé a alguien venir,
caminaba con paso decidido hacia mí.
A un metro de mí hospedaje
se detuvo y me miró a los ojos.
Ese ser que me observaba fijamente era yo.
Y yo estaba frente a mí mismo,
y entonces convencido del todo
realicé la pregunte de más evidente respuesta.
-¿Quién eres?
-Soy yo
-¿Eres yo?
-Soy tú, soy yo,
eres tú, eres yo
nosotros somos tú
nosotros somos yo
-¿Qué es ésto? ¿Dónde estoy?
-Ésto es lo que has andado buscando,
esta es la meta de tu viaje.
-¿El vacío es la meta de mi viaje?
-Tú eres la meta de tu viaje.
-Partí buscando la salvación
contra la peste de Yahvé Naún.
Yo no puedo ser la meta,
yo no puedo ser la salvación.
-Veo que no comprendes la condena de Yahvé Naún
y por lo tanto veo que no entiendes
lo que es la salvación.
Veo que no entiendes que ha sido todo esto.
-Entonces explícamelo tú
-¿Y por qué no te lo explicas tú?
-¿Yo?
yo sólo sé que un día partí del palacio,
visité al anciano Philser
que sentado en una roca
me enseñó mi vida,
asustado de lo que vi y comprendí
me abracé a la huida.
Llegué al mar de Paso
y allí hablé con alguien que parecía yo,
con alguien que era yo.
Más tarde me vi obligado
a enfrentarme al ángel de la muerte
y tras derrotarle en la batalla de la comprensión
viajé hasta el mar de roma
y en mi bogar por sus aguas
me vi herido y desheredado.
Al final llegué al fin del mundo
y allí despartí con el eco.
Ahora que estoy en el vacío
después de viajar tantos pasos
y ahora que he perdido mis alas
¿Me dices que me responda a mí mismo?
-Sí Ícaro, respóndete a ti mismo,
esa es la salvación que buscas,
eso es lo que te enseñó el anciano
y tú con terquedad te negaste a aprender.
Has necesitado viajar a tierras más profundas,
has necesitado vivir sucesos enterrados.
Ahora que lo entiendes ya puedes regresar al palacio
y a pesar de haber perdido tus alas
te digo que aún has de volar
una última vez.
Bajé la vista al suelo
rumiando el final de mi viaje,
al levantar la vista
frente a mí no había nadie,
sólo un espejo, y en él mi reflejo.
Estiré la mano a mi imagen
y al contacto de mis dedos
el espejo se quebró en miles de pedazos
y estos cayeron al vacío
lamentándose y chillando.
Sobresaltado abrí los ojos,
una cabaña de pastores herida por la vejez
era mi cobijo.
Al salir de la cabaña
vi que a una pocas decenas de kilómetros
estaba el palacio.
Emprendí el retorno
trayendo la salvación que había salido a buscar
y trayendo también en mí corazón
claridad a mi historia personal.
Me encaminé hacia el palacio,
venía tranquilo,
con rescoldos de alegría en mí alma,
pero sin ser predicador de felicidad.
Entré en el palacio
y reunidos en esta sala
os entregué la salvación,
pero no la entendisteis,
y temo que después de entregaros mí viaje
seguís sin ser dueños
de este vacío tesoro.
Así fue como Ícaro
puso fin al relato de su interno viaje.
Los allí presentes
murmuraron y cuchichearon,
algunos reflexionaron
y otros sintiéndose defraudados
por el presente que Ícaro portaba
menospreciaron su grandioso hallazgo.
Una voz de entre la multitud
escupió la pregunta que todos
encadenaban en su garganta:
-¿Ícaro, cuál es realmente la salvación,
cómo nos limpiaremos la marca de Yahvé Naún?
Explícanoslo Ícaro
Ícaro movió levemente la cabeza,
como negando,
para que el universo supiese
que su último intento de hacerse comprender
resultaría estéril.
-La salvación consiste en viajar,
todos deberíais hacer el viaje que hice yo,
tenebrosos charcos y manchas en paredes,
allí habita el corazón
y justo al lado en al camino opuesto
desenterrando templos muertos
estará el logos.
Cada vida es una historia,
cada historia tiene un final,
cada final lo escribe un alma
y cada alma ha de saber escribir su historia y su final…
Todos quedaron por un instante callados,
perplejos ante la explicación de Ícaro.
Y todos estaban insatisfechos de la respuesta,
buscaban más claridad, más simpleza,
pero Ícaro se veía cansado
y nadie se atrevía a preguntar una vez más.
Pero la sed de la curiosidad siempre busca saciarse,
y de entre la multitud volvió a surgir aquella voz,
y con escaso titubeo preguntó:
-¿Viajar como tú?
¿Entonces de qué sirvió tu viaje?
No te entendemos Ícaro.
-Más bien no me queréis entender,
es duro ir a juicios donde uno es juez,
y donde uno es acusado….
Ícaro suspiró, miró por la ventada de la gran sala
y dijo:
-¡Qué puesta de sol tan bella!
Ícaro caminó pausadamente hacia la ventana
y la abrió dejando que entrara
la suave brisa del ocaso
trayendo aromas añorados, dulces,
tristes y susurrantes.
Ícaro permaneció unos momentos mirando
como el sol se retiraba un día más
en busca de su descanso...
Ícaro se giró, miró a todos los presentes
y dijo:
“El sol se va a descansar, creo que yo
también lo voy hacer”
Ícaro dio media vuelta
se subió al alfeizar de la ventana
y entonces alguien gritó:
-¡¿Qué haces Ícaro?!
Ícaro giró la cabeza
miró con ojos viejos, tristes y cansados
y contestó:
-Una vez oí en algún lado
que “la ventana es un buen lugar para escapar”
y yo creo que me voy a ir
a descansar por la ventana,
desplegaré mis alas y volaré
hacia ese horizonte,
volaré hacia nunca jamás.
( Icaro XI )
Por fin me he decidido a morir,
tantas veces que he estado aquí.
Dar el salto
o el río cruzar.
Ya nada importa.
Ya todo da igual.
Mi vida que un día se fue,
nunca por ella lloré,
y una vez perdida la batalla
de roma...
me voy como un suspiro,
me voy como se duerme el mar
Creo que aún podría decir alguna cosa más,
puede que me repitiera, puede que no,
quién sabe....
Me gustaría despedirme de tanta gente...
pero eso sólo me traería tristeza,
y ahora mis huesos quieren descansar
y mi mente quiere dejar de caminar,
que ya ha caminado demasiado,
quiere dejar de pensar,
quiere dormir, dormir y no soñar....
Decidles que... decidles que me acordé
de ellos hasta el final,
hasta justo antes de dormir.
Ícaro saltó al vacío y abrió sus brazos.
La luz anaranjada del ocaso pintaba su cara
y la brisa besaba sus mejillas y mesaba su pelo
en una caricia amorosa,
mientras Ícaro caía hacia el descanso
que le esperaba en el suelo.
Mientras Ícaro realizaba su último vuelo
vio como se acercaba el suelo,
vio como se acercaba su reposo
y pensó: “éste es mi ultimo vuelo....”
El último vuelo de Ícaro
El último vuelo de Ícaro
El último......
( Icaro XII )
Tan cansado estoy
que cierro murallas a sueños
y clausuro ojos al No
Caminos oscuros en bosques de papel.
Calles tortuosas en ciudades de memoria.
Las piedras de mis bostezantes botas
son inmensos monumentos a la torpeza
de las nociones de la mente
Tan cansado estoy
que cierro murallas a sueños
y clausuro ojos al No
Poeta de tristezas, sólo quiero que dibujes
una escena,
una escena donde en brazos cariñosos
y manos que acarician mi pelo
cierro los ojos y yéndome sin ver
encuentre el sueño de los quietos.
Tan cansado estoy
que cierro murallas a sueños
y clausuro ojos al No.
Y a un paso del sueño,
y a tres pasos de mí
oigo aquella canción que dice
“la ventana es un buen lugar para escapar
desde donde Ícaro saltó,
desde donde Ícaro voló.
La ventana es un buen lugar para escapar,
mira a Ícaro volar,
mira el último vuelo de Ícaro,
el último vuelo de Ícaro,
el último.....”
Luis Sáez
© 2001 Luis Sáez - Publicado
2001 Luis Sáez