Las perturbaciones
son infinitas
en este pedacito de cielo,
marcando límites entre auroras
y muertes de sol únicas.
El sentir muere confinado
en un laberinto sin minotauro
pero lleno de protocolos
y de normas sin alma.
Esta vida es una
escena robada
a la comedia de la perfección.
Y un día al
despertar
veréis que sois demasiado viejos,
que levantarse del sofá
es sólo un sueño.
¿Qué fue de vuestra vida
detrás de tanta perfección?
Sin ser capaz de perder un minuto
escuchando una tontería de amor.
¡Cuánta excelencia
y qué poco corazón!
Esta vida es una escena robada
a la comedia de la perfección.
Un día fuimos animales,
hoy somos robots
programados para trabajar
y sentir solamente lo correcto.
El dulce sabor del impulso y del querer,
que se esconde en los rescoldos
de lo que un día fuimos,
reniega de tanta norma y tanto pretender.
Dejemos que lo inevitable
nos contamine…