Hoy tenía mala cara,
se le olvidó resucitar.
Rompió el pacto sagrado
que le salvó durante años,
el que le libró
de tener que recordar.

Un alma para cada día,
y al final sin alma
para poder pecar.

Luna triste le enseñó
caminos prohibidos
que a manos de Marte
se consagraron sendas de devoción,
porque para las heridas lo más dulce
son siempre los pecados.

Pecado

Un alma para cada día,
y al final sin alma
para poder pecar.

Ayer murió como siempre,
y hoy por primera vez
sabe lo que es sentirse bien.
Olvidó lo de querer demasiado
para hacer realidad del deseo;
entregarse por fin al pecado.

-Luis Sáez-

Caído
Índice
La Enfermedad