El
Hombre Imposible I - Naciendo a la Oscuridad
Ojalá
pudiera dar un pasito atrás,
volver a perderme en tus ojos
como aquella noche o aquella tarde.
¿Te acuerdas?
¿Por qué lo hiciste?
¿Por qué lo hice?
¿Por qué lo hicimos?
¿Por qué no lo hiciste?
¿Por qué no lo hice?
¿Por qué no lo hicimos?
¿Por qué fue así?
Así tan…
El
hombre imposible nace sin darse cuenta de que está naciendo.
Quizá un día en que brilla el sol, quizá en
un día muy bonito, como si algo así no pudiera pasar,
el hombre imposible comienza a ver la luz y hasta mucho tiempo después
no se dará cuenta de cuando nació. Un sueño
sin destino que roza con la punta de los dedos el cabello de un
hombre y ahí está el acto sexual que engendra la imposibilidad.
Me
siento en la cama
después de cuatro o cinco copas.
Pienso en lo que he hecho esta noche,
besando labios que no me querían
y sonriendo a gente que me desagradaba,
entre el mareo del alcohol
y la nausea de unos besos malgastados
consigo casi ver lo que habría sido
si en lugar de alguien tan vacío como yo
y de lenguas luchando por la profundidad
hubiera estado acariciando la mano
de un nombre maldito.
-Un
día tuve un sueño aunque ahora creo que ya lo olvidé,
aquel día lo noté por primera vez, casi como un susurro,
casi sin darme cuenta. En las semanas que siguieron a aquel desgraciado
día el sueño creció en mi corazón y
finalmente fui consciente de que había algo que haría
salir todo lo bueno que había en mí, algo a lo que
estaba dispuesto a dedicar todos mis esfuerzos, algo a lo que dar
todo mi corazón. Creí durante bastante tiempo que
era justo que mi sueño se hiciera realidad, que así
debería ser siempre con los sueños, pero aprendí
a base de realidad que los sueños no tienen destino a menos
que El Salvador los salve, y mi sueño me condenó a
desear sin poder tener algo que me hubiera hecho sentir vivo de
verdad.
Eres
solo una sombra
de lo que un día fuiste,
veías tanta carretera
que creíste que nunca
se iba acabar.
Si ahora no hay puente
¿Cómo piensas cruzar al otro lado?
Allí está tu bailarina de caja de música
con su tutú y su sonrisa de dientes perfectos,
ya ha esperado mucho,
dos minutos por lo menos,
y no va esperar más,
tiene cita esta noche
con el soldadito de plomo,
ese que tiene la lanza tan larga,
y tú mirarás desde aquí
pero nunca podrás cruzar.
Podría
alguien pensar que el hombre imposible sólo lo es por causa
de sueños de amor, pero no, no es así. No importa
qué sueño te robe el corazón, lo único
importante es que no te lo devuelva con herramientas para cultivarlo.
La
princesa te mandó a trabajar,
te ordenó contarle las uñas de los pies,
como siempre, con la boca,
a su amante del día de hoy.
Tú que querías ser príncipe
te quedaste de cortaúñas
de la princesa que te iba a dar su amor.
-Creo que lo peor es esa sensación de ilusión en el
estomago, como si fuera explotar y el pecho se fuera abrir para
dejar salir un destello de felicidad. Es la esperanza, que a parte
de un nombre de mujer, es un salvoconducto de continuidad para que
el sueño sobreviva un poco más y además de
provocar una porción a mayores de dolor se enraíce
más profundo y deje un daño mayor cuando haya que
firmar su certificado de defunción.
Toma
nota chico hambriento:
con un buen afeitado,
un poco de estilo moderno,
un buen peinado
y una mirada más penetrante
te acostarás con la chica de la esquina,
si no siempre te queda pagar
o hacerte asiduo de la televisión.
Llega
un día en el que el hombre que tiene un sueño sin
destino se da cuenta de que sólo le quedan dos opciones:
arrancar lo que no sirve y hace daño, quedando así
un hueco que nunca se cerrará, o bien echar tierra y cargar
para siempre con un esqueleto en el armario. Sea cual sea la opción,
ambas son pasos en la conversión de un hombre en hombre imposible.
Canto
canciones pero no soy músico,
escribo poemas pero no soy poeta,
habló de amor pero no sé hablar de él,
hablo de amor pero me engañó.
Hoy camino por la plaza con la cabeza bien alta,
como si fuera igual que los demás,
como si supiera a donde voy.
“No quedan más periódicos,
el último se lo lleva ese hombre”
he escuchado cuando salía del quiosco,
la gente cree que soy un hombre
pero hoy ya no lo soy. |