El Hombre de las Estrellas

El cariño no se vende en pastillas
y en estos tiempos hay mucho anémico,
demasiados enfermos del alma,
el hospital tiene una larga lista de espera
y la única medicina que había está caducada.

Contra el vicio de querer aún más
está la virtud de pagar más caro.
Todo lo que no abarque la ambición
es simplemente que no se ha inventado
o que no se le pudo robar al más allá.

Hay un hombre de la estrellas
caminando por el cielo,
repartiendo la receta de la felicidad,
no comprende que le acabaremos pidiendo
la dirección de su hogar
para ir a clavar banderitas en su sofá.

Inherente a mover ficha
es la causa primera de la traición;
aunque ojos sinceros digan
sin dejar de mirarse el ombligo
que lo hacen con la mejor de las intenciones.

Ésta es la naturaleza del hombre:
ser un lobo para sí mismo,
depredador de sentimientos y riqueza
que lanza dentelladas al mundo
para acaparar antes de necesitar.

Hay un hombre de la estrellas
caminando por el cielo,
repartiendo la receta de la felicidad,
no comprende que le acabaremos pidiendo
la dirección de su hogar
para ir a clavar banderitas en su sofá.