Cabalgando
el Orgasmo
El
estómago me revienta
después de acumular tensión;
me he mantenido más de una hora
cabalgando en la cresta del orgasmo
y ahora que me tiemblan las piernas,
mientras el vómito parece la mejor solución
a la resaca del placer que me ha destruido,
me agobia el deseo de una caricia
que es lo que esta noche necesito.
No
hay luna ni palabras,
tan siquiera hay reproches ni quejas;
después del placer egoísta me debía sentir
bien,
pero me siento peor que aquella vez
que me negué el derecho a decirle que la quería.
Puedo subir tantas veces como quiera,
pero allí arriba sólo voy a estar yo
y después cuando baje estaré yo solo.
Siento
rozando los dientes el líquido amargo
que me envía el estomago,
mientras, en los dedos pegajosos, se seca
lo único que demuestra
que mi alma saboreó el clímax no hace mucho,
un clímax que por supuesto no recuerdo
de tan vulgar y reiterativo que lo he convertido,
una droga como otra cualquiera para esta noche
en la que no hay ni luna ni palabras,
un placer que me consume en esta soledad.
Las
imágenes volaron frente a mis ojos
y yo las consumí sin saborearlas
porque para mí no significan nada,
sólo una chispa para mantenerme
cabalgando en la cresta del placer,
a la espera del momento final de ordeñar
cada impulso eléctrico del orgasmo.
Contener la mente ahogándola en placer
de sexo auto inflingido
es el engaño que me ha de mantener
alejado de todo por un momento. |