| Prólogo
- Breve ensayo sobre la poesía y el fin poético
La poesía es entendida
mayoritariamente, tanto hoy en día como en tiempos pasados, en
este país como un género literario difícil de afrontar
a la hora de leerlo. Creo que este error se debe a varios factores,
entre ellos cabe destacar la tendencia de muchos poetas a hacer ejercicios
de equilibrios con las palabras y por otro la fama excesiva de ciertos
poetas y cierta forma de poesía que pertenecen a siglos pasados.
Aquí en España existe cierta cultura de la poesía
vacía, esa poesía dedicada a demostrar pericia en el uso
de la métrica y de la rima, el mérito de un poema se mide
por lo complejas que sean las combinaciones de estas dos dimensiones.
El dotar de un significado o el buscar contar algo son cosas que se
obvian; en muchos casos no importa lo ridícula que resulte la
lectura de un poema con tal de haber hecho un gran trabajo con la métrica
y con la rima. A mi entender esta tendencia sería equiparable
a la labor de un arquitecto que en sus encargos hace gala de enrevesadas
estructuras, pero que no se preocupa de dotar de una utilidad a sus
construcciones ni de darle a los espacios funciones definidas, así
mucha de la poesía que nos rodea son meros ejercicios de técnica
que al lector no le aportan nada.
El otro factor antes mencionado, el de la fama de ciertos poetas y ciertas
formas de poesía, está en relación directa con
lo antes expuesto. Aquí hay demasiada tendencia a presumir de
autores de siglos pasado que quizá no se merecen tanto mérito
y se deja de lado a autores más recientes, aquellos autores trataban
en muchos casos temas nimios y de una forma encorsetada mayoritariamente
en la métrica y la rima. Hoy en día se juzga a la poesía
en base a esos cánones establecidos tanto tiempo atrás,
por ello el lector a la hora de afrontar una lectura poética
siente pereza al pesar que se encontrará ante unos textos difíciles
de leer y que no le aportarán nada. Los autores son reticentes
a escribir poesía porque temen no ser capaces de crear algo acorde
a los cánones establecidos por falta de dominio sobre la rima
o sobre la métrica. Al final lo que frena a la poesía
son las formas y la debilidad en el significado.
La literatura en prosa está mucho más extendida que la
poesía y a mi entender esto se debe a que el lector aunque no
perciba todo lo que allí se cuenta puede hacer, en general, un
breve resumen de lo que ese escrito le ha dicho; en la poesía
en muchos casos el lector no puede ofrecer ninguna idea de lo que le
dice en poema incluso después de varias lecturas. El autor por
regla general tiende a la prosa porque lo que en general motiva a alguien
a escribir es la necesidad de contar algo, es evidente que si esa necesidad
se ve castrada por las reglas y estructuras de la poesía “clásica”
y que no va a ser capaz de transmitir nada, el autor, va a dejar de
lado ese género.
Todo se resume en última instancia a la necesidad de comunicar
algo y a la necesidad de obtener algo de las palabras que se leen, cualquier
otro tipo de escritura es mera vanidad de la propia técnica.
Por todo ello, yo afronto la
poesía como un vehículo para transmitir y plasmar historias,
ideas, sentimientos o imágenes. El verso libre me parece lo más
adecuado y dentro de él buscar el ritmo propio de cada poema.
En general huyo de la rima porque me parece un elemento un tanto pesado
y que distrae la atención de lo verdaderamente importante del
texto escrito que es lo que el texto dice. A título personal
soy defensor de los estribillos como elementos que concentran y fijan
una idea, aparte de entenderlo como una facilidad para el lector a la
hora de encontrarse a lo largo del poema con algo que ya le resulta
conocido.
Los poemas a veces pueden tener muchos significados, pero por regla
general para quien los escribe, a la hora de hacerlo, tienen un motivo
concreto, aunque después con el paso del tiempo el autor pueda
llegar a percibir nuevos matices o a verlos de otra manera se debe a
los cambios vitales que experimenta el escritor.
De todas formas está claro que en la lectura el lector no es
un actor pasivo, forma parte de la magia de leer, especialmente en el
caso de la poesía, la interactuación entre el camino marcado
por el escritor y las interpretaciones y significados a los que pueda
llegar el lector. Personalmente creo que esta confluencia de sentimientos,
significados e ideas que se pueden dar en un poema sólo lo pueden
hacer cuando el autor ha pretendido transmitir algo y no realizar un
mero ejercicio estético.
Considero que el poema más completo es aquel que tiene tres niveles.
En el primero tiene un significado que puede ser completo y único
o pueden ser significaciones sueltas, lo que hay en este primer nivel
suele ser sólo percibido por el autor o por algunos lectores
con las claves adecuadas por tratarse de circunstancias personales próximas
al escritor y que se ven reflejadas por el uso de ciertas palabras o
de ciertas imágenes. En el segundo nivel se encuentra lo que
el autor quiere transmitir en general a través de su poema, la
historia que cuenta, el sentimiento que refleja etc. El tercer nivel
lo poseen aquellos poemas que por su forma de ser escritos dejan cierta
libertad para que el lector pueda extraer gracias a cierta identificación
sentimientos e ideas personales no fijados estrictamente en el poema.
Construir un poema a tres niveles
y que sea bueno me parece una tarea dificilísima. Sé que
el primer nivel lo consigo casi siempre, el segundo lo intento y el
tercero espero saber alcanzarlo algún día, ah, y que sea
bueno, eso también espero alcanzarlo algún día.
No querría alargarme demasiado así que sólo haré
una pequeña nota sobre el ciclo de publicación. Hay obras
que se escriben y que permanecen un tiempo en reposo para después
volver a ellas y ver cómo les ha sentado ese periodo de alejamiento
para hacer las correcciones o los añadidos oportunos. También
hay obras que se van escribiendo poco a poco y atrapan cierto reflejo
de todo el periodo de tiempo en que han sido creadas. Estos dos caso
pertenecen a un ciclo largo de publicación que permite un reposo
de la obra que le otorga mayor depuración y mayor perfección,
sin embargo el ciclo largo le resta cierta frescura.
El ciclo corto responde más a obras de urgencia, cosas hechas
para reflejar un momento o una situación puntual y que si son
publicadas en ciclo largo les hace perder esa frescura y esa capacidad
de referirse a algo concreto en un tiempo oportuno.
Cada ciclo es adecuado para unos fines, uno no es mejor que el otro
ni el otro mejor que el uno, simplemente se trata de elegir el mejor
para las cosas que se quieran contar.
“Confesiones” es,
podría decirse, una obra de urgencia, responde a un periodo concreto
de mi vida. El hecho de ser una publicación rápida seguramente
le restará calidad a los poemas, pero personalmente esta ha sido
la primera vez que me he emocionado de verdad escribiendo algo, que
he sentido emoción pura y no una simple sensación de bienestar.
Luis
Sáez
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