El olor de la niebla
Tan calmado se va ese rumor;
aquella voz que aún aguantaba
de los días que no se habían agotado.
Todo cambia sin remedio posible,
las horas de taberna,
los días de café
y hasta las voces de al lado,
todo
excepto el olor de niebla
en la parte alta de la ciudad.
Tanta calma al ver como se van;
aquellos colores todavía fuertes
de los días que no se habían cansado.
Todo cambia sin remedio posible,
las cartas sin papel,
los paseos por las calles
y hasta las caras de al lado,
todo
excepto el olor de la niebla
en la parte alta de la ciudad. |