1 Pequeña Marioneta

 

       
 

Lástima de Manhattan

Declaramos la guerra sin ninguna esperanza
de que hubiera posibilidad de ganar.
Nuestras armas eran tan bellas,
nuestra confianza tan escasa.
Teníamos las manos jóvenes y ágiles,
manejábamos los sexos con destreza
pero los sentimientos no tanto.

Lástima de aquellas palabras
que se quedaron en palabras.
Lástima de Manhattan,
podríamos haberla conquistado.

Sabías que era un perdedor,
pero juraría que entonces eso te gustaba.
Ahora he regresado con la cabeza alta,
orgulloso de no haber ganado batallas,
satisfecho de hablarte como te hablo.
Sabes que ahora fracaso mucho menos,
pero juraría que eso ya no te entusiasma.

Lástima de aquellas propuestas
que se quedaron en propuestas.
Lástima de Manhattan,
podríamos haberla conquistado.

Navegamos por el mar en barcos agujereados
hechos con pasta de papel y piezas de contrachapado,
nos hundíamos más con cada paso que dábamos.
La guerra terminó y al final no la ganamos,
tampoco era para nosotros el haberla ganado,
eso es cierto y ya lo sabíamos
bastante antes de atrevernos a declararla.

Lástima de aquellas palabras
que se quedaron en palabras.
Lástima de Manhattan,
la dejamos destrozada.

 
 
     
 
Luis Sáez