Dos cosas son ciertas y la otra debería serlo
Aquellos días en los que parecía
que toda la vida se concentraba en un jueves,
no eran más verdad que la verdad
de que hubo algún jueves que fue perfecto.
Había una florecilla, una vulgar margarita,
que sobrevivía sola en medio de las rocas
contemplando puestas de sol únicas
que nadie tenía tiempo de pintar.
Juntamos las manos
y alguien nos debería haber dicho
que aquella iba a ser la última vez.
Junio es el sexto mes del calendario.
Los autobuses amarillos
que sabían de sobra el camino
nos llevaron para que fuera consciente
de que alguien había sido el primero.
Yo no seré el último, tampoco voy a ser. |