Las torres del silencio
Lejos, de donde no podamos volver,
levantaremos las torres del silencio;
pondremos en la cima
tus intenciones de Diciembre,
mi paciencia de Marzo
y nuestros abrazos de Abril.
Los cuervos y los buitres
rebuscarán en nuestras cuencas
para quedarse las imágenes
que hubiera valido la pena conservar.
Tantas palabras y miradas
se quedarán al final
en intenciones malgastadas
y todo lo que teníamos,
fuera mucho o poco,
acabará disolviéndose
en las entrañas de los carroñeros
por los que aún en vida
nos dejamos devorar.
Los gusanos se arrastrarán alegremente
por nuestra calavera
abandonada a su suerte
en lo alto de las torres del silencio.
Al final descansará para siempre
lo que tanto dijimos ser;
no tendremos que volver
a sentarnos frente a frente
y entenderemos que lo dijimos todo
el día que aprendimos a callar.
El polvo de nuestros huesos
se lo llevará el viento
y sólo quedará el recuerdo
en lo alto de las torres del silencio.
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