El Lobo
Yo escribía poesía en la acera de mi casa;
a pocos centímetros de mi cara,
la cara del lobo,
siempre me estaba mirando.
Escribía con calma las palabras
y ellas siempre me juraban
que volverían tarde o temprano
para devorarme.
Tenía cansancio en las entrañas
y tristeza en la mirada;
escribía poesía y el aliento del lobo
siempre me golpeaba en la cara. |