Bodas de Sangre (Cuando Effar amó a Taliel)

Un Vistazo

Oh ladrón indecente,
tiempo inmundo y desconsiderado,
no robes el antiguo tesoro
y deja que oigamos de la boca
del anciano grillo la leyenda de Effar,
la leyenda de las bodas de sangre.

La Condena

La rueda de Fortuna gira cada vez más rápido,
pero hace ya tiempo que Fortuna abandonó su rueda,
y ahora solo la desgracia me es propicia.

Cuando Effar Encontró A Taliel

- Señor, rey del V reino,
es hora de partir hacia el verde valle,
hacia la cotidiana actividad,
ha de cruzar las nuevas puertas
del vetusto acontecer.

Effar lapida sus días, uno tras otro,
cegado y presa del ensueño
a causa del venenoso brillo de Taliel.
Taliel, la más bella estrella de todos los cielos,
el licor dulce y tibio que mueve el corazón de Effar.

- Effar, triste y perdido monarca,
no veo en tus apagados ojos el reflejo de tu mar.
¿Porqué envías todas tus ilusiones
por el camino de Taliel?

- Ninguna otra vez estuve tan cerca,
nunca antes había abierto mi pecho
para dejar ver mis entrañas en su atípico funcionar.

- Cuenta Effar, cuenta lo ocurrido,
si el recuerdo pegado en tus párpados no ahoga tu voz.

- Puedo... puedo ver mi instante de duda,
puedo ver desplegarse las blancas alas de Taliel,
y veo a Dios reír, se ríe de mí,
y me señala para que todos los ángeles se rían también.

Vagando en las sombras donde la derrota
gana terreno a pasos gigantes
Effar diluye las piedras de sus decepciones
en la locura tormentosa de su pensamiento.

Bodas De Sangre

-  Hoy vistes traje de gala Effar
¿Acaso te vistes para tu funeral?

-  Me visto, porque hoy es día de bodas,
hoy me uniré a mi amada Taliel

-  Te veo cruzar mil mundos de sueños.
Te veo esperar en una oscura iglesia.
Effar, ¿Por qué son tus invitados
las bestias más horribles del infierno
y los ángeles más burlones del cielo?

-  Esta es mi fiesta, este es mi deleite.
Veo combarse estas pétreas paredes,
oigo como se resquebrajan los muros,
siento sobre mi piel la odiosa luz
del décimo sol.
Agradezco a Satanás el chirriar
de las puertas del infierno,
sé que pronto el humo más mortal ocultará
mi sol para siempre,
¡¡No quiero que nada en este mundo brille más que Taliel!!
Oigo en la lejanía, a los ángeles caídos,
golpear los tambores de piel de antiguos indeseables
con los huesos de mis sueños muertos.
Es la señal de que mi amada Taliel viene a mí.
Revienta mi cabeza, de mi mente huyen
todos los recuerdos y forman a los pies
de la escalera la bella imagen de Taliel.
A su alrededor, en el antiguo fuego que la envuelve,
danzan millones de demonios, sonrientes,
dispuestos a matarme si oso acercarme a Taliel.

-  ¿Por qué sonríes Effar?
¿Acaso no ves que no puedes ni llegar a rozarla?

- ¡¿Qué no puedo?!
Ya nada me es imposible
¡Mira incrédulo! mira como por arte
de magia y hechicería aparece en mi mano
la daga más afilada de mi reino.
Que agradable es sentir el frío filo recorrer mis muñecas,
sentir como se separa la carne.
Cuando regreso de mi éxtasis
puedo ver que no se derrama la sangre de mis venas,
ya no tengo sangre que derramar.
Miro a los ojos de Dios, y le veo serio,
preocupado.
Se despedazan los espejos de mi realidad,
vuelan en todas direcciones, sin rumbo fijo,
sin paz que conseguir, hasta formar un nuevo escenario,
el mundo más hermoso, el lugar más tranquilo.
Huyen los demonios que habitan en el fuego
que me separa de Taliel.
Me maldicen y amenazan porque les he derrotado.
Despacio, sin prisa, saboreando el esperado momento
Taliel camina hasta mí.
El juez más anciano y sabio oficia el rito
que nos ha de unir.
Veo a través de su velo una sonrisa pícara de Taliel.

-"....y lo que he separado yo que no lo una
hombre o circunstancia alguna"

-Miro a los ojos del juez y veo en ellos
a Dios, a Azar, la Derrota, mi Condena,
estalla en una carcajada y se diluye en aire apestoso.

-  Oh Effar, ha sido un juicio de justos,
todo ha sido un engaño.

-Me vuelvo e intento coger la mano de Taliel,
pero su silueta se difumina y se aleja,
no sin antes dejarme ver las rojas salpicaduras
de mi sangre en huida.
Veo toda mi sangre correr hacia el suelo
surcando mis insensibles manos,
y cierro los ojos para entregarme a la eternidad.

Un  Beso De Muerte

-  Veo venir a lo lejos a una hermosa dama,
toda ella vestida de negro, camina con paso firme.
Su larga melena negra se mece al ritmo de sus pasos.
En sus ojos negros no veo ira, no veo rabia,
cosas que se agolpan en los míos,
en sus ojos veo paz y reposo.
Sin mediar palabra pasa una tibia mano
por mi cuello, y acercándose veo como
sus labios se dirigen a los míos.
¡Qué suave contacto!
¡Qué dulce sabor!
(placer jamás sentido)
Sé que es el beso de la muerte,
pero no me importa, disfruto de él,
pensando que quizá, tan solo quizá,
un beso como ese es la mitad de un beso de Taliel.
Tal y como se acercó a mí, la muerte se separa lentamente
y en voz calma me dice:
"Recuerda para la eternidad de tu muerte
a Taliel, y que nunca te ha querido,
y recuerda por siempre tu desgracia"
NOOOOOO

-  Oh Effar, que tarde para volver atrás,
pero mira ahí, esa luz,
es la última esperanza que te queda,
pero ten cuidado desgraciado Effar,
ya sabes que las ilusiones siempre son un tormento.

Corre Effar hacia la luz, va loco.
Nunca nadie se había embriagado tanto en una esperanza.
Y como era de esperar la luz mentirosa
de la esperanza se apaga,
y la sonrisa de ilusión de Effar se vuelve
en mueca de dolor.
Se da cuenta ahora por primera vez en su vida,
ahora que está tan cerca de la muerte,
de su situación, y la mano poderosa de la agonía
aplasta su garganta y sus pulmones.
Revienta el pecho de Effar y su corazón
roto en mil pedazos se esparce en todas
direcciones para pasar a formar parte del pasado,
para pasar a formar parte del dolor ignorado.

Un Triste Final

Effar, oh rey Effar, descansa tu cuerpo, quieto, tranquilo,
en una oscura habitación, en un charco de tu ya fría sangre
huida de tus venas por el regalo hecho en tus muñecas
por un viejo cuchillo oxidado y desgastado.
Vuela ya tu espíritu perturbado
hacia algún infierno personal en las tierras de la dama Muerte.

La Condena

La rueda de Fortuna gira cada vez más rápido,
pero hace ya tiempo que Fortuna abandonó su rueda
y ahora solo la desgracia me es propicia.




©2001 Luis Sáez (P)2001 Luis Sáez